Este fin de semana tuvo lugar el XIX Piorno Rock, que este año se celebró en la localidad granadina de Pinos Puente. Los griegos Suicidal Angels descargaron en la segunda jornada, ofreciendo un show absolutamente brutal que nos voló la cabeza a todos los presentes. Os cuento en detalle sobre la masacre a continuación.
¡Síganme los buenos!
Comienza el show
Con un escenario sobrio, con logo al fondo sobre las pantallas, y la imagen de su último disco frente a la batería, empezaron los acordes de la banda sonora de Tiburón y era difícil contener la emoción. Nunca esta BSO se me hizo tan larga. El panel del Profane Prayer se abre, dejando a la vista el drumkit de Tzortzopoulos, Suicidal aparecen sobre las tablas de El Silo de Pinos Puente, y arrancan con When the Lions Die. Tíos, perdí la puta cabeza. Era la primera vez que escuchaba esta banda en directo, y me superó.
El Thrash matemático de los griegos, preciso y quirúrgico, cada nota medida y en su punto, como una fórmula, cada canción como la demostración de un problema matemático, irresoluble sobre el papel, claro y cristalino como el agua para tus oídos.
Siguieron volando logaritmos y derivadas a un ritmo ferozmente rápido con Crypts of Madness. Cambios de ritmo que ponen a prueba la alineación de tu columna vertebral. No podía ver la cara de Orfeas Tzortzopoulos tras los parches, pero a Angel Lelikakis (que más tarde me firmó la entrada) lo vi disfrutar poniendo a prueba nuestra anatomía.

Llegó otro tema que es un auténtico Destructor de Médula Ósea, Purified by Fire. Aquí empecé a notar un pinchazo en un punto indeterminado dentro de mi cabeza. Los sesos se me estaban haciendo papilla, pero seguía manteniendo el equilibrio… más o menos.
Nuestro presi, Miguel, me acercó un litro, no sé si para rematarme o para animarme más. Ninguna de las dos opciones parecía favorable para mi salud a corto plazo, así que rechacé.
“Descanso”
A continuación llegó un pequeño respiro (por agotamiento) con The Return of the Reaper y Bloodbath, que anteceden a lo que es el Santo Grial del setlist de los griegos: Bloody Ground. El pequeño intro de Stamatis Syrakos ponía los pelos de punta, el riff es una aguja tirando hilo de titanio a través de tus huesos, la entrada de la guitarra rítmica es una descarga de 10.000 voltios a través del hilo. Puedes intentar permanecer quieto, igual de efectivo que taparte la nariz frente a un tsunami.
Sin pausa, Born of Hate, muy coreada por el público. De nuevo un tema a una velocidad físicamente imposible. Y a continuación Apokathilosis. En ese momento me di cuenta que nos habían recortado el setlist, al menos Years of Aggression. Miré el reloj, por tiempo calculaba que puede incluso que alguna otra. Pero intenté que esto no afectara a la experiencia, al momento, y me dejé las cuerdas vocales… Deny! Defy! Destroy! ATTACK!
Más tarde confirmé el coste del caprichito de José Carlos Molina, quizás un último vinito antes de salir al escenario, quizás un sentimiento de vacío existencial, quizás un subnormal que no tiene respeto por el resto de artistas ni por la organización del festival. Years of Aggression no sonó.

Y como todo lo bueno tiene un final, Capital of War. Con esas cabalgadas que podrías poner en bucle el resto de tu vida, una droga que es la banda sonora perfecta para una tarea repetitiva que quieres acabar rápido. Nick Melissourgos, al frente del escenario todo el tiempo, como un absoluto titán, uno de los Argonautas desde mi punto de vista al pie del escenario, puso el cierre. Empieza a sonar el “Sharped” Dressed Man de los ZZTop.
¡Qué brutalidad de concierto!
Os dejo el link al vídeo del Graspop, con un setlist que fue finalmente idéntico al del Piorno Rock anoche.